Los Panteones
El Panteón de Reyes es una cámara circular cubierta con media naranja y cuya circunferencia se segmenta en ocho tramos. Herrera la concibió y construyó solamente de granito, pero cuando Felipe III decidió convertirla en Panteón encargó su revestimiento actual de mármoles y bronces al superintendente de las obras reales Giovanni Battista Crescenzi.
Preside el altar un Cristo crucificado de Domenico Guidi, autor menos conocido, pero más afortunado que Pietro Tacca y que Gian Lorenzo Bernini, quienes realizaron antes otros crucifijos para este mismo lugar, conservados ahora en la capilla del Colegio y en el camarín de la Sacristía, respectivamente.
En las urnas reposan, tras haberse consumido previamente, durante años, en una habitación inmediata, el “Pudridero” los restos de los monarcas y de sus esposas, pero éstas solo en casa de haber sido madres de Rey; los Reyes al lado derecho del altar y las Reinas al izquierdo, colocados por orden cronológico desde Carlos V a Alfonso XIII, un periodo de cuatro siglos en la Monarquía española; están ausentes sólo los cuerpos de Felipe V y de su hijo Fernando VI, así como sus esposas, pues desearon ser enterrados en sus respectivas fundaciones de La Granja de San Ildefonso y del Monasterio de las Salesas Reales en Madrid.
El Panteón de Infantes fue construido por iniciativa de Isabel II, según proyecto de José Segundo de Lema, concluyéndose en 1.888. Cada una de las nueve cámaras, situadas bajo la Sacristía y las Salas Capitulares, está presidida por un altar y revestida de mármol. Las esculturas y motivos decorativos fueron labrados en Carrara por Jacopo Baratta di Leopoldo siguiendo los modelos del aragonés Ponciano Ponzano. La fría riqueza del material, el colorido y el interés histórico, así como el espíritu decimonónico que impregna este Panteón forman su atractivo.