Las tablas de la Lamentación sobre Cristo muerto y El Padre Eterno forman parte del ciclo de cuadros de la Pasión de Cristo pintado por Anton Raphael Mengs para la decoración del dormitorio de Carlos III en el Palacio Real de Madrid, habitación redecorada en 1828 por Fernando VII, que en la actualidad recibe el nombre de sala de Carlos III. Esta serie sobre la Pasión se completa con cuatro lienzos pintados para las sobrepuertas: en la pared sur colgaban La oración en el huerto y La flagelación de Cristo, y en la norte La caída de Cristo con la cruz a cuestas camino del Calvario y el Noli me tangere, situándose entre esos dos últimos lienzos las dos tablas –El Padre Eterno sobre La Lamentación–, de modo que el monarca podía contemplar correctamente el ciclo desde la cama, cuyo cabecero estaba emplazado en la pared este del dormitorio.
La tabla de La Lamentación –mal conocida como Descendimiento de la Cruz– está presidida por el cuerpo semidesnudo de Cristo yacente, sostenido por san Juan, con María Magdalena arrodillada a sus pies y, también llorosa, pero erguida e implorando a lo alto, la figura de la Virgen María. En la penumbra se distinguen otros santos varones y santas mujeres; en primer término en el suelo se sitúan las reliquias de la Pasión –tablilla del INRI, corona de espinas, clavos, martillo y tenazas–, y en el ángulo superior izquierdo queda iluminado el Gólgota con las tres cruces.
Sobre esta pintura, también con un marco a modo de tremó, estaba la tabla de El Padre Eterno, del mismo ancho, pero apaisada, con Dios Padre y el Espíritu Santo en gloria, flanqueados por ángeles mancebos, uno a cada lado.
La tabla de La Lamentación fue llamada “el quadro de la filosofía” por José Nicolás de Azara, amigo y biógrafo del pintor, y también fue ponderada por Jovellanos, en carta a Manuel Bayeu: “en el sublime cuadro del Descendimiento [...] espresó con la mayor delicadeza las llagas, las heridas y los livores del Salvador, de una manera que encanta, al mismo tiempo que conmueve”. Por su parte, otro de los panegiristas del “pintor filósofo”, el genovés Carlo Giuseppe Ratti, señala que Mengs pintó esta tabla como compañera del Pasmo de Sicilia, de Rafael (Museo Nacional del Prado), entonces también tabla, aunque difícilmente hubiera podido adaptarse esta última obra a la decoración del dormitorio de Carlos III por la existencia de una chimenea en la pared sur y el necesario orden de la historia representada en las sobrepuertas. Sin embargo, ambas tablas tenían medidas semejantes: 310 x 226,5 cm la de Mengs y 318 x 229 cm la de Rafael, y parece que el primero quiso emular en esta obra al segundo, en la composición y expresión de los afectos.
Por la documentación conservada en el Archivo General de Palacio se desprende que Mengs pintó las dos tablas una vez concluidos los lienzos de las cuatro sobrepuertas. En carta a Miguel de Muzquiz, de abril de 1768, el primer pintor de cámara avanzaba su propósito para los dos cuadros restantes: “También aviendo determinado pintar las más obras que haré para S. M. en tablas, necesito algunos Cavalletes, y otros instrumentos para poderlos manejar, particularmente siendo algo grandes”. Esas tablas estarían terminadas a mediados del año siguiente, pues el 7 de julio de 1769 se ordenó al tesorero mayor que entregase al artista 20.000 reales de vellón de gratificación “en consideración al primor con que ha pintado unos quadros para el Real servicio, que han merecido el agrado de S. M.”, en evidente alusión a las tablas de La Lamentación y El Padre Eterno, y tal vez a todo el conjunto, incluidas las cuatro sobrepuertas.
Junto a este ciclo de la Pasión fueron acomodados en el dormitorio de Carlos III otros cuatro cuadros de Mengs: un pequeño cobre de San Juan Bautista; una tablita, también apaisada y de semejante tamaño, de Santa María Magdalena, ambos pertenecientes en la actualidad al duque de Wellington; un lienzo de San Antonio de Padua conservado en Apsley House (Londres), y una Inmaculada Concepción en tabla ovalada de madera de caoba, que asimismo salió de las Colecciones Reales españolas durante la guerra de la Independencia y fue recuperada por Patrimonio Nacional en 2007
Ambas tablas permanecieron en el Palacio Real de Madrid hasta que la de El Padre Eterno fue depositada en el siglo XIX en la Academia de San Fernando. En 1924, las dos obras se cedieron para ser colocadas en el altar mayor de la Capilla del Palacio Real de Pedralbes, en Barcelona, hasta 2006 en que fueron depositadas en el Museo Nacional d’Art de Catalunya. En enero de 2015, las tablas han sido restituidas al Palacio Real de Madrid.